La Cucanya recibe Ribera del Duero con los ojos cerrados. - BacoyBoca
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La Cucanya recibe Ribera del Duero con los ojos cerrados.

La Cucanya

27 Mar La Cucanya recibe Ribera del Duero con los ojos cerrados.

La Cucanya recibió los vinos de la Ribera de Duero en su primer evento de este 2018 para realizar una cata a ciegas seguida de su menú degustación. Para este evento sólo teníamos una pista, la denominación de origen. A partir de ahí, se trataba de catar e intentar apreciar las diferencias entre ellos. No era ningún concurso para ver cual era el mejor, ni se trataba de un público profesional que sacara del vino esos matices que muchas veces te hacen bajar la cabeza y te dejan sin decir palabra el resto de la degustación por no hacer el ridículo. Se trataba de algo mucho más sencillo, pensado para los clientes de este restaurante del Garraf.

En este tipo de eventos, La Cucanya limita las plazas a un número máximo de asistentes que permita interactuar y aprender al mismo tiempo que disfrutar de un #gastromoment, como ellos lo llaman.

La Cucanya

En esta ocasión fue el enólogo Jordi Valls quien guió la cata, Primero puso al grupo en situación: donde está Ribera del Duero y como es el terruño, entendiéndolo como el conjunto de tierra, clima, orografía y tradición como.  Los grandes pilares que guiarán la elaboración del vino y que se plasmarán en él, incluyendo algunas de las normas que la denominación de origen exige o el tipo de madera de las barricas donde suele reposar el vino, así como sus tiempos.

Los vinos de la Ribera de Duero son vinos potentes en general, casi podríamos decir que son ideales para el invierno, perfectos para acompañar platos contundentes. Una región extensa, con 115 kilometros de largo por 15 de ancho, pero en proporción sin demasiada zona dedicada a la viña. Un total de 21.000 hectáreas, 9.000 viticultores y 270 bodegas conforman la comunidad más directa de la Ribera.

La Cucanya

Su tierra es caliza, blanca, arenosa, y suele imprimir ciertas características a los vinos. Está cercana a un río por lo que podemos esperar ver cantos rodados en sus suelos. Esto hace que el agua no se retenga, provocando maduraciones rápidas y racimos poco coloridos, normalmente con baja acidez. Climatológicamente hablando, las estaciones son muy marcadas y con grandes contrastes de temperaturas entre día y noche en los meses más calurosos. En el mediterráneo el clima es más suave y las estaciones quedan más diluidas. Todo esto provoca una evolución diferente de la fruta, una concentración de azúcares y de aromas a frutas determinada.

La Cucanya

El conjunto de todas estas condiciones da su resultado en el característico vino de Ribera de Duero: vinos catalogados como joven, crianza, reserva y gran reserva, todos tintos. Puede ser que veamos en algunas botellas “Roble” para indicar su paso por barrica, pero no es una indicación de la denominación de origen.

Pasamos a la acción con la cata de 5 vinos de la zona. No sabemos que vinos son, ni si son jóvenes o reservas. Todas las botellas se sirven tapadas y no se desvelará el secreto hasta el final. De esta forma se aprecian diferentes matices y aromas sin ningún dato que nos condicione a priori. Una situación que te hace sentirte más despistado, pero que te obliga a agudizar los sentidos. Con la “mente en blanco” en ese sentido, probamos los 5 vinos y los comparamos para, acabada la degustación, digamos cuál ha sido nuestro preferido según los hemos probado así, en copas.

La Cucanya

Los cinco vinos que se cataron fueron Valtravieso Crianza, Bosque de Matasnos, Re Minor, Carmelo Rodero y Valtravieso VT. Cada uno, dio su parecer sobre cuál le había parecido más agradable a su paladar y se dio paso a la comida, sirviéndose el menú degustación de la temporada de invierno de La Cucanya.

En la misma mesa grupal y con los mismos vinos, llega primero un aperitivo, esta vez, dos croquetas de buen tamaño que no podía negarse de qué estaban hechas: de gambas. No había duda. Un “pequeño aperitivo” (entre comillas porque este, de pequeño nada) que se indica como tal en el menú y que presupongo que puede ser diferente dependiendo del día de la visita al restaurante.

El resto del menú está bien definido. Empezamos con un pulpo de Vilanova a la brasa. Servido frío, el pulpo ha sido marinado con ajo y se acompaña de un puré de patata y boniato que esconde un pequeño toque de ají amarillo. Un plato que intenta huir de la típica elaboración de brasa sin más o del pulpo a feira.

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La pasta, un habitual de La Cucanya del que no quiere prescindir para no olvidar el origen del restaurante, se presenta en forma de raviolis de calçots, aprovechando el producto de temporada, así como en el siguiente plato, merluza con bolets. El plato de carne lo protagoniza el jabalí, con un civet con puré de calabaza y arroz salvaje, para empaparse bien en la salsa.

Su famoso carro de postres será, como siempre, el que haga tambalear al más firme. En esta ocasión, entiendo que por tratarse de la cata, nos sirvieron directamente un sorbete de higos y mousse de turrón con crema inglesa.

Aún estamos en el primer trimestre del año, y las catas han empezado un nuevo ciclo. Unos eventos que se van adaptando a la época en que se celebran y que sus clientes habituales suelen disfrutar previa reserva.

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