Cinco restaurantes de Barcelona para disfrutar de deliciosas croquetas (cualquier día del año)
Sí, cada 16 de enero (y días previos) decenas de artículos, reseñas y contenidos virales en las redes nos bombardean con motivo del Día de la Croqueta. En Baco y Boca no es que no nos guste celebrar estos suculentos días mundiales, pero pensamos que no necesitamos de ninguna excusa para descubrir sabores y locales y para disfrutar de bocados como las croquetas. De hecho, en Baco y boca adoramos las croquetas, pero los 365 días del año.
Por ellos, aunque ya no sea tendencia (lo fue solo hace unos días), queremos dejaros aquí cinco propuestas para catar exquisitas y suculentas croquetas, cualquier día del año.
Las croquetas vegetales de Virens (Barcelona)

En el restaurante Virens, el chef Rodrigo de la Calle demuestra que la croqueta puede ser el lienzo perfecto para su revolución verde. Su famosa croqueta de coliflor asada y queso es un ejercicio de equilibrio magistral y su croqueta verde una obra de arte: crujiente por fuera y cremosa por dentro. Una croqueta suave y de bechamel sedosa y, sin duda, con mucha personalidad
No es solo un aperitivo; es la prueba de que el mundo vegetal, cuando se trata con técnica de vanguardia, no tiene nada que envidiar a los clásicos cárnicos.
La croqueta casera y ravalera, en La Ravala (Barcelona)
En el corazón del Raval La Ravala, podemos gozar de lo lindo con sus croquetas caseras. Porque, en este local no se andan con chiquitas: sus piezas son generosas, de rebozado firme y corazón tierno.

Croquetas paa todos los gustos, porque su abanico de propuestas es enorme, con croquetas de cecina y queso de cabra o con croquetas de gambas al ajillo, o de pato con mermelada. Aqui, cada bocado es una oda a la cocina casera hecha con mimo y sin pretensiones.
Croquetas con sabor gallego, en Batea (Barcelona)
Si hay un bocado que define la esencia de Batea, es su croqueta de bacalao con chorizo gallego. Es una declaración de intenciones: una fusión llena de carácter y textura que rompe con lo esperado para darnos la bienvenida a una marisquería renovada.

Aquí, el chef Manu Núñez huye del elitismo convencional para ofrecer una cocina basada en la estacionalidad y el placer puro. Ubicado en el emblemático Hotel Avenida Palace (Gran Vía 605), Batea es un escenario donde lo solemne se vuelve divertido y donde cada producto marino, sea célebre o humilde, se trata con una ejecución minimalista y una calidad técnica impecable. Empezando por sus croquetas.
Maleducat (Barcelona)
En Maleducat, el homenaje a los sabores de siempre empieza por un bocado impecable que esconde una rebeldía deliciosa. Su croqueta de jamón ibérico de bellota es el preludio perfecto para entender la filosofía de este rincón de Sant Antoni: excelencia gastronómica sin filtros ni etiquetas.

Desde que abrieron en 2020, los hermanos Marc e Ignasi García junto al chef Víctor Ródenas han buscado redefinir el concepto de cocina de barrio. Y nada mejor que expresarlo con las humildes, pero imprescindibles croquetas.
Croqueteando en el Fat Cat (Barcelona)
A pocos pasos de la Rambla del Raval, Fat Cat se ha ganado un puesto en el podio de los amantes de las texturas fluidas. Su croqueta de jamón ibérico es un clásico infalible: una bechamel que parece fundirse al primer contacto, con el punto justo de salinidad que pide un buen trago de cerveza.

Pero es su croqueta de calçots la que suele robar el corazón de los vegetarianos (y los que no lo son), gracias a un sabor profundo y una ejecución técnica impecable que evita cualquier rastro de aceite.












